El león y el perrito

En aquel zoológico, el león era la atracción principal. Grandes y chicos querían ver al rey de la selva, y para ello uno tenía dos opciones: O compraba su entrada, o llevaba algún animalito que pudiera servir de alimento a las fieras.

Un cierto día, pusieron en la jaula del león un perrito que, según dijo la persona que entró con él, caminaba perdido por la calle y no tenía dueño. El perrito se encontró cara a cara con el león y, quizá, adivinando su triste destino, se echó en el suelo y se acurrucó, esperando lo inevitable. El león entonces se acercó al perrito y comenzó a olfatearlo.

Pero he aquí que el león, en vez de lanzarse a devorarlo, comenzó a acariciar con su enorme pata al perrito (quizá buscando calmarlo, ya que el pobre no paraba de temblar). El perrito levantó la cabeza y vio al león sentado mansamente frente a él. El perrito entonces se levantó y, moviendo su cola, comenzó a correr y a dar vueltas alrededor del león, que no paraba de mirar divertido al nuevo inquilino de su jaula.

Desde ese momento, ambos animales fueron amigos. Jugaban juntos, dormían juntos y recibían las visitas y los saludos de la gente. Los cuidadores del parque, sin embargo, no consideraban al perrito como uno más de los animales del zoológico, por lo que no lo tomaban en cuenta dentro de sus tareas del día. Así, por ejemplo, nadie le daba al perrito algo para comer (después de todo la idea era que el perrito sea más bien la comida del león). Aun así, el león, cuando recibía un enorme trozo de carne todos los días para comer, arrancaba un pedazo y le dejaba el resto al perrito.

Un día, una persona que fue al zoológico al ver al león reconoció a su perrito y pidió que se lo devolvieran. Los cuidadores intentaron sacarlo de la jaula, pero el león comenzaba a rugir y no dejaba que nadie se llevara al perrito, al que ya consideraba su gran amigo.

Así pasaron varios años el león y el perrito viviendo juntos en la jaula como dos viejos amigos. Y todo hubiera ido mejor si el paso de los años afectara más a uno de los compañeros que al otro. Tras haber vivido mucho tiempo feliz en la jaula, el perrito murió. El león entonces se sumergió en una gran tristeza. Los cuidadores intentaron llevarse el cuerpo inerte del perrito, pero el león se ponía furioso y no dejaba que nadie se le acerque ni se lo lleve. De nada servían ya los cuidados del personal del zoológico, ni las visitas de la gente, ni los festejos de los más pequeños que lo llamaban a gritos. El león no dejaba de pensar en el amigo que ya no estaba con él.

Un día, los cuidadores pensaron que si le llevaban otro perrito, el león haría un nuevo amigo y ya no estaría triste. Le pusieron el la jaula un segundo perrito. Pero cuando el león lo vio, se lanzó sobre él y lo devoró al instante. Luego, fue una vez más donde estaba su amigo el perrito, abrazó el cadáver y no se movió del lugar en cinco días.

Al sexto día, el león se murió.

Imagen: Un león en el zoológico de Oklahoma con una parálisis que le dificultaba estar entre sus pares, por lo cual fue criado por Milo, un simpático perro salchicha. (© Barcroft USA)

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