El lobo enamorado de la Luna

Todas las noches de luna, un lobo se quedaba mirando al cielo y contemplando su tenue luz y su belleza. El lobo se había enamorado de la Luna, y todas las noches esperaba a que apareciera en lo alto del cielo para cantarle y dedicarle todo su amor, esperando a que quizás la Luna, conmovida, bajara del cielo y estuviera junto a él. Pero la Luna seguía bien arriba en el cielo, lo que ponía muy triste a nuestro lobo. Entonces una noche se propuso subir al cielo hasta alcanzarla, en nombre de su gran amor por ella.

Buscó entre las montañas que rodeaban el valle donde vivía con sus compañeros lobos una que fuera lo suficientemente alta, aquella que le permita alcanzar a su adorada Luna. Cuando la encontró, se puso a escalarla. La montaña era empinada y los flancos eran escarpados. Pero el lobo estaba decidido a llegar hasta la cima. Cuando finalmente llegó al pico de la montaña, observó la Luna y se quedó triste porque la Luna aún estaba muy lejos.

Estando aún en la cima de esa montaña, vio que cerca había una montaña más alta todavía. El lobo bajó velozmente y se puso a trepar esa segunda montaña, que no solo era más alta sino también más peligrosa que la anterior. El lobo, algo cansado ya por haber escalado dos montañas, llegó finalmente a la cima, pero su querida Luna aún estaba muy lejos.

Pero el lobo no se amilanó. Desde la cima de la segunda montaña, vio una tercera montaña más alta todavía. Esta vez, el lobo miró en todas direcciones para ver si había alguna otra montaña mayor, pero no. Aquella tercera era, sin duda alguna, la más alta de todo el valle. El lobo entonces bajó y comenzó a trepar esta última montaña.

Si escalar las 2 montañas anteriores le fue difícil a nuestro lobo, escalar esta tercera lo sería más todavía. Los vientos eran cada vez mas fríos y más rápidos a medida que el lobo iba subiendo, y el cansancio era cada vez mayor. Pero el lobo estaba decidido a todo. Cuando finalmente llegó a la cima de la montaña, levantó la vista al cielo y observó la Luna llena.

Esta vez, al lobo le pareció que su amada Luna estaba más cerca, y que quizás con un último esfuerzo podría alcanzarla para estar juntos por siempre. Así, descansó primero un rato y luego se paró al borde de la parte más alta de la montaña. Observó nuevamente al cielo, miró largo rato a su Luna adorada, retrocedió unos pasos, tomó un gran impulso y saltó hacia ella, esperando que la Luna lo recibiera con los brazos abiertos.

Entretanto, los demás lobos habían llegado minutos antes al pie de la montaña buscando a su compañero y presenciaron perplejos toda la escena desde allá abajo. Lo último que vieron fue al lobo enamorado, su amigo y compañero, dando el salto más grande que hubiese podido dar lobo alguno, para luego desaparecer ante sus ojos. ¿Habrá llegado hasta su Luna amada? ¿Habrá caído al vacío? Ya nunca se sabrá. Sintieron mucha pena por el compañero que ya no volverían a ver, pero a la vez admiración por haber hecho lo imposible por alcanzar su meta.

Y desde entonces, cada noche de Luna, los demás lobos la miran y comienzan a aullar a la Luna, como recordando y a la vez buscando a su compañero que desapareció por alcanzar a su amada en el cielo nocturno.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Robinson Holguin dice:

    Exelente me facino, me encanta.

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