El lobo y el perro

En la inmensidad de la montaña más fría y nevada, un lobo muy flaco y hambriento camina en búsqueda de un techo y alimento.

Casi en la ladera se encuentra con un perro gordo, limpio y bien cuidado. El lobo, sorprendido, le pregunta:

— ¿En qué lugar estás cazando, para estar tan bien comido y tan limpio y bien perfumado?

— Yo cuido la casa de mi patrón y él me da los huesos de su propia mesa y un refugio donde dormir. De modo que, sin cazar, siempre tengo techo seguro y qué comer.

El lobo pensó que cuidar la casa del patrón a cambio de tanta satisfacción era demasiado tentador, y le dijo:

— ¡Que lindo ser perro y cuanto más fácil sería vivir bajo el techo de tu patrón y saciarme tranquilo con la comida que le sobra…

Mientras caminaban, vio el cuello lastimado del perro.

— Dime, amigo —le dijo—, ¿qué es esa marca en tu cuello?

— No es nada —dijo el perro, con un poco de vergüenza en su intimidad—, es apenas la marca de la cadena.

— ¿Cómo? —se asombra el lobo— ¿Tu patrón te tiene atado? ¿Entonces el precio de la comida es la cadena…?

— Lo que pasa es que soy demasiado inquieto —repuso el perro—, me atan durante el día para que duerma y vigile cuando llega la noche.

— Pues entonces —contestó el lobo— disfruta tú de esa comida, porque yo no quisiera ser ni rico, ni poderoso a condición de no ser libre.

El lobo volvió feliz corriendo a la montaña, con frío y con hambre, pero con la satisfacción de poder elegir su propio destino y con la convicción de ser capaz de pasar el invierno y después disfrutar de la primavera y el caliente verano de la montaña.

Foto de portada: Foto de Nick Jans, fotógrafo de vida salvaje de Alaska – A wolf called Romeo

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