El torito de la piel brillante

Hace mucho tiempo había una pareja de campesinos que vivía en un campo. Su única compañía eran sus animales de granja. Entre ellos destacaba una vaca, a la que cuidaban con todo esmero. Aunque la vaca nunca de había cruzado con ningún toro, un día apareció preñada, y luego de un tiempo dio a luz a un hermoso becerrito, cuya piel y pelaje brillaban como el oro.

Este becerrito se convirtió entonces en la alegría de la casa. Cuando el marido salía muy temprano para el campo, llamaba al becerrito y éste lo seguía trotando como si de un fiel cachorrito se tratara, y cuando el campesino terminaba su ardua labor, llamaba nuevamente al becerrito y éste acudía prontamente al llamado de su amo.

El tiempo pasó, y el pequeño becerrito se convirtió en un torito joven y fuerte, pero no por eso dejó la costumbre de acompañar fielmente a su amo todos los días al campo, corriendo a sus anchas por la pradera mientras llegaba el llamado de su amo para volver a casa.

Una tarde, el hombre y el torito fueron a orillasde un lago. Después de terminar con su labor, el campesino se preparaba ya para regresar a su casa. Cargó sus cosas y emprendió el camino de regreso, pero olvidó llamar a su torito. Este se quedó entonces solo a orillas del lago, sin saber que hacer.

De repente las aguas del lago se embravecieron, y de ellas emergió un enorme toro negro, con ojos del color del fuego y cuyas pisadas quemaban el suelo. Ere el demonio, que había tomado la forma de aquel toro descomunal. Entonces habló con voz de trueno:

— ¡Ahora, tú y yo nos enfrentaremos para ver quién es el más fuerte de los dos! ¡Si me ganas, te salvarás; pero si yo te gano, te llevará a rastras hasta el fondo del lago!

— Hoy no podrá ser —le contestó el torito—. Al menos dejame despedirme de mis dueños. Mañana, al amanecer, estaré aquí y lucharemos.

— Bien —le dijo el toro—. te esperaré hasta mañana; pero si no vienes, te llevaré a ti y a tu dueño.

Tras estas palabras, el enorme toro desapareció entre las aguas del lago.

Momentos después llegó el campesino llegó a su casa y se dio cuenta de que había olvidado llamar al torito. Rápidamente regresó a orillas del lago para recoger al torito. Cuando se encontraron, el torito le contó la historia del toro negro y el reto que debía enfrentar el día de mañana. Cuando llegaron a la casa, la pareja de campesinos se puso muy triste, y el campesino de echaba la culpa por haber olvidado llamar al torito y regresar juntos a la casa.

Al día siguiente, al amanecer, el torito le dijo a sus dueños:

— Ya casi es hora, debo partir. Gracias por todo, y permanezcan siempre juntos.

— ¡No, por favor! ¡No vayas, quédate con nosotros! —suplicó la pareja a una sola voz.

Pero el torito ya estaba decidido, y dejando atrás las súplicas de la pareja, partió hacia el lago.

Entonces el torito, tras llegar al lago, comenzó a mugir fuertemente como llamando a su retador. Cerca del lugar, había llegado el campesino para presenciar el reto. No soportó quedarse en casa esperando lo peor y decidió ir hasta el lugar y ser testigo de todo, escondido tras unas rocas.

Entonces nuevamente se agitaron las aguas del lago y surgió el enorme toro negro, echando chispas de los ojos. Los dos contrincantes se pusieron frente a frente, juntaron sus cabezas el uno contra el otro y comenzaron a empujar con toda su fuerza. El torito ponía todo su empeño, pero aún era muy joven, y el toro negro lo superaba en tamaño y fuerza.

La contienda proseguía, y el toro negro iba empujando al torito de piel brillante en dirección a las aguas del lago. El torito resistió lo más que pudo; pero al final, después de estar mucho rato luchando, el enorme toro negro saltó sobre el torito y ambos desaparecieron en las turbulentas aguas del lago.

El campesino salió entonces de su escondite, sin dar crédito a lo que acababa de ver, y fue corriendo hasta la orilla del lago. Comenzó a llamar desesperado a su torito y a buscarlo desde la orilla, pero el torito no salió más del lago. El enorme toro negro se lo había llevado a las profundidades del lago, y ya no volvería más.

Muy triste, el campesino retornó resignado a su casa, y contó todo lo que vio a su mujer. ambos lloraron desconsoladamente y se dirigieron luego hacia su vaca, madre del torito, y la trataron con toda clase de cuidados con la esperanza de que un día alumbrara un segundo torito que les pueda hacer compañía. La vaca, sin embargo, permaneció estéril y la pareja de campesinos quedó sola y apesadumbrada, pero siempre unida.

Francisco Izquierdo Rios

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