Hábitos

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Un sabio maestro estaba paseando en el bosque con uno de sus jóvenes pupilos y se detuvo delante de un arbolito. “Arráncalo”, le instó el maestro señalando el brote que salía de la tierra. El joven lo arrancó fácilmente con los dedos.

“Ahora arranca ese otro”, le dijo indicando un arbolito mayor que le llegaba al chico por la rodilla. Casi sin esfuerzo el muchacho tiró y el árbol cedió con raíces y todo.

“Ahora este”, dijo el maestro indicando con la cabeza un árbol de hoja perenne mucho más crecido y tal alto como el pupilo. Con gran esfuerzo, tirando con todas sus fuerzas y apalancando las tercas raíces con palos y una piedra, finalmente consiguió que se soltara.

“Ahora” dijo el sabio, “quiero que arranques este otro”. El joven siguió la mirada del maestro, y descubrió un roble tan alto que la copa apenas podía verse. Con todo el trabajo que le había costado arrancar un árbol mucho más pequeño, simplemente respondió a su maestro: “lo siento pero no puedo hacerlo”.

“Hijo mío”, exclamó el maestro, “acabas de demostrar el poder que tienen los hábitos en nuestra vida. Cuanto más antiguos, más grandes y enraizados se vuelven, más difícil es erradicarlos. Algunos se hacen tan grandes y echan raíces tan profundas que no te atreves ni a intentarlo”.

Foto de portada: Pata de vaca [foto: Mauro Guanandi (Flickr, licencia CC)]

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