La carrera de las ranitas

Esta es la historia de un grupo de ranas que vivía en un estanque. Era justo el día en que las ranas jóvenes iban a competir en una difícil carrera. El camino que debían recorrer era larguísimo y lleno de obstáculos, pero allí estaban las jóvenes ranitas dispuestas a dar lo mejor de sí, mientras que sus padres los esperaban en la línea de meta.

¡Y arrancaron! Todas las ranitas salieron disparadas y saltaban a toda velocidad. Todas querían llegar a la meta y ganar la carrera. Sin embargo, lo difícil del camino hacía que poco a poco las ranitas caigan vencidas por el cansancio y abandonaban la carrera, y a medida que se acercaban a la meta, iban quedando menos ranas.

Se hizo de noche, y en la recta final de la carrera ya sólo quedaban 2 ranitas compitiendo. Iban a paso lento, producto del esfuerzo realizado durante toda la competencia, pero no se rendían. Al cabo de un rato, una de las ranitas no pudo más y abandonó.

Pero la ranita que aún quedaba no quiso detenerse. Sacando fuerzas de donde ya no había iba dando un saltito tras otro.

Los padres que esperaban en la recta final, al ver que la pobre ranita ya estaba casi rendida, comenzaron a decirle:

— Ya déjalo ranita, ya no tiene caso seguir.

— Eres la única que queda en competencia y lo que te queda por recorrer es lo más difícil de toda la carrera.

— Ya no te esfuerces en vano ranita, déjalo así.

Y así todas las ranas adultas, y hasta sus compañeras ranitas que ya habían abandonado la carrera le decían a la ranita que ya dejara la carrera. Pero esta ranita seguía y seguía. Cuando estuvo tan cansada que ya no podía saltar, comenzó a arrastrarse por el camino, pero sin detenerse, hasta que finalmente, con la lengua afuera y con sus últimos esfuerzos, cruzó la linea de meta.

De inmediato, todas las demás ranas alzaron en hombros a la ranita ganadora y la llevaron a su casa para que se tome un merecido descanso.

Estando en la casa de la ranita, una de las ranas adultas buscó a su mamá para felicitarla por la enorme fuerza de voluntad de su hija ranita, y le preguntó:

— Señora, a su hija ranita todo el mundo le gritaba y le decía que ya no continuara con la carrera, pero su hija no hizo caso y continuó hasta llegar a la meta. ¡Cuánta fuerza de voluntad! Pero dígame, ¿en qué radica su secreto? ¿Cómo hizo su ranita para no dejarse llevar por lo que le decían los demás?

— No hay ningún secreto —contestó la señora rana—, lo que pasa es que mi hijita es sorda…

Así como en esta historia, a veces cuando nos trazamos una meta que pueda parecer difícil, habrá algunos que nos intenten convencer de que el esfuerzo no vale la pena, y que sería mejor dejarlo. Pero si realmente creemos que podemos llegar a nuestra meta, debemos “hacernos los sordos” con esos comentarios y mostrarle que con voluntad y esfuerzo sí podemos lograr lo que queramos.

Imagen: juegoshq.com

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