Pin y Pon

Pin y Pon eran dos perritos. Eran muy amigos, pero jamás dejaban de discutir.

Un día, Pin y Pon paseaban por el jardín y encontraron un sabroso hueso. Pero en vez de compartirlo, cada uno quería el hueso para sí mismo. Se olvidaron de su amistad, ¡y otra vez a discutir!

— ¡El hueso es mío, yo lo vi primero! —dijo Pon, muy enfadado.

— ¡No es cierto, yo encontré el hueso así que es mío! —respondió Pin, más enfadado aún.

Los dos perritos comenzaron así una más de sus discusiones hasta que Chato, un perro vecino, al oír la discusión se acercó para curiosear. En eso, Chato vio el hueso tirado en el jardín y, aprovechando que Pin y Pon seguían discutiendo, cogió el hueso y se lo llevó para su refrigerio.

¡Buen provecho, Chato! Así castigaste el egoísmo y la falta de compañerismo de esos dos.

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